16 mayo 2007

Juan Madrid, la buena memoria


El Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca reunió a un buen número de escritores, directores y personas que difunden el género literario más oscuro y misterioso por donde pasan, cómo siempre he sentido debilidad por este andaluz, y utilizando la sustracción de documento y pidiendo anticipadamente perdón, me aprovecho del trabajo realizado por los profesionales del evento para plasmar el pensamiento actual, del gran Juan Madrid.



“La literatura me libró de la delincuencia”. Es una de las muchas frases que ha dejado el escritor Juan Madrid en su charla de esta mañana. Su elocuencia es tan directa como los golpes que lanzaba cuando era un boxeador que todavía no había descubierto que necesitaba gafas. Y como su escritura. Madrid, uno de los históricos del género en España y que está a punto de publicar una nueva novela en Ediciones B, ha planteado su ponencia como un ejercicio de memoria: de su infancia, del despertar del deseo de leer y contar historias, de sus tiempos de estudiante en la Universidad de Salamanca, de su etapa de periodista…

Cuenta Juan Madrid que buena parte de la culpa de su oficio viene dada por no haber ido al colegio. Su madre era quien le daba clases ante la ausencia de su padre, encarcelado por los fascistas tras la guerra civil. La influencia familiar también se provenía de su tía-abuela, una mujer enamorada de un bandolero que a Madrid le recordaba en las fotos al ejército de Pancho Villa. Las historias que le contaba sacudieron su fantasía, igual que un narrador de sucesos ciego al que se dedicaba a seguir por las calles.

Sus primeras incursiones literarias son anotaciones a El rey de la pradera, de Salgari, donde él se convertía en el héroe.Con unos orígenes que le sitúan entre los perdedores de la guerra, Madrid se afilia al partido comunista. Esta condición le relegó a la sección de sucesos cuando comenzó a trabajar como periodista. Dice que fue el mejor regalo que le pudieron hacer.

Conocía la calle, el argot y en una búsqueda para fraguar su estilo literario propio encuentra a Baroja y también el Cosecha Roja, de Hammett. “Me cabreaba que en las novelas todos los personajes hablaban igual. Yo quería escribir sobre la gente, la pobre gente, los peatones de la historia”. Enfocó sus reportajes como cuentos, alejados del estilo del periodismo ortodoxo. Desde Cambio 16, una revista histórica de la Transición, tuvo acceso a una información de cómo se gestaban los cambios políticos y sociales. La información que no pudo contrastar lo suficiente como para ser publicada pasó a convertirse en los temas de sus novelas. “Aprendí que los dueños de la hacienda, del caballo y de la pistola son también los dueños de las palabras. Quería, por lo menos, arrebatarle un trozo de esas palabras”.

Su aproximación al género nace como molde sobre el que relatar las tensiones de la sociedad del momento, utilizando las convenciones de la novela de detectives al estilo Hammett sobre las que aplicar el resultado de su memoria “Escribí novelas que me hubiera gustado leer. Sigo trabajando, soy un escritor compulsivo. Sin memoria no hay futuro”.


Fuente y fotografía: www.congresonegro.com/