26 octubre 2009

Asa Larsson en Getafe


Asa Larsson (Kiruna, Suecia, 1966) es una mujer bajita. Nada que ver con el prototipo sueco. Su fisonomía se asemeja más a la de Rebecka Martinsson, la abogada que protagoniza su novela policiaca Aurora boreal (Seix barral): estatura pequeña, piel menos pálida de lo habitual y mirada vivaracha. Curiosamente, también existen ciertas similitudes entre su heroína y Lisbeth Salander, la criatura que creó Stieg Larsson para su trilogía Millennium. Martinsson y Salander apenas miden 1,50. Son mujeres decididas, independientes, fuertes, sin hijos. Son personajes que tienen que desentrañar un crimen. Son violentas. Y ambas están heridas.

Pero ahí se acaba todo. A excepción del espaldarazo en ventas que ha recibido la novela Aurora boreal en España desde que salió publicada en mayo ya ha alcanzado la 14ª edición y los 110.000 ejemplares, la trama, la estructura y el lenguaje de los dos Larsson tienen muy poco que ver. Stieg es frío. No hay emotividad en sus relatos. Asa sitúa a sus personajes en el Polo Norte, pero les da el calor de la cotidianidad y el costumbrismo. Es más, la abogada Martinsson nació en 2003, un año antes que Salander. Stieg ya tenía un buen referente para sus historias.

"La creación de Rebecka me llevó seis meses. La mayoría de las novelas suecas tienen como protagonista a una buena madre. Yo quería otra cosa y si Rebecka es violenta es porque es una heroína. Pero no refleja ningún estereotipo de modernidad. Es más, creo que el mundo no podría aguantar ni una Lisbeth ni una Rebecka",confiesa Asa Larsson a Público durante su visita al Festival Getafe Negro.
Los orígenes de las tramas de las dos obras tampoco son iguales. Stieg era un periodista que llevaba años intentando desentrañar los males de la sociedad sueca. Su intención partía más del reporterismo que de la literatura.
El afán de Asa es más literario. Y realista. En su novela, la heroína Martinsson debe trasladarse desde Estocolmo a su ciudad natal, Kiruna, un pequeño pueblo del norte de Suecia. Allí ha aparecido muerto Viktor, un viejo amigo de la adolescencia que ocupaba un alto cargo en una secta religiosa a la que la propia Rebecka había pertenecido en su juventud. En ese lugar donde el sol clarea a ratos habitado por crucifijos, biblias y faldas plisadas hasta los tobillos, se topa con una vieja amiga la principal sospechosa una comisaria embarazada y dolorosos recuerdos. Este ambiente remite a la historia de la propia Asa Larsson.


Un abuelo cura


Tras ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1936, su abuelo ingresó en una comunidad religiosa en Kiruna. Allí, en esa atmósfera de catequesis, nació Asa y, según recuerda, "de pequeña me pasaba el día leyendo la Biblia. De hecho, mi inspiración para toda la violencia que aparece en mis novelas procede del Antiguo Testamento. Si lo piensas, es una sucesión constante de hechos sangrientos".
Si no siguió por el camino religioso, fue porque su padre, de ideas comunistas, le guió hacia la literatura. "Él era bibliotecario y siempre estaba muy atento a mis lecturas y a todo lo que escribía", comenta Larsson. Eso sí, hasta su juventud apenas cayeron en sus manos novelas policiacas, tan en boga en los años sesenta. "En aquella época, se leía mucho a Maj Sjowall y Per Wahloo, pero en mi casa, por cuestiones religiosas y morales, no me dejaban leerlas. Las tenía que pedir prestadas a otros amigos", afirma.

Su revancha llegó cuando cayó en sus manos la obra de Thomas Harris. La violencia, la sangre en estado puro. El veneno para empezar a planear asesinatos literarios y la apoteosis tarantiniana de sus novelas. También leería por entonces a los clásicos suecos. "De hecho, el nombre de Rebecka Martinsson procede de Martin Beck, el inspector creado por Sjowall y Wahloo", reconoce.
Tuvieron que pasar algunos años más para que Larsson se dedicara profesionalmente a la literatura. Estudió derecho y se dedicó a ejercer en los tribunales que trataban los casos de violencia de género. Precisamente, Asa alaba a Stieg y su trilogía en el tema de los malos tratos: "Las cifras de mujeres asesinadas en sus libros son reales. Yo creo que lo que ha hecho Stieg por las mujeres es increíble porque millones de hombres han leído sus libros y ahora son más conscientes de esta problemática", sostiene.



Homenaje al Polo Norte


Fue el nacimiento de su primera hija lo que la espoleó de nuevo a escribir. Se mudó al campo, se encerró en un estudio y se dedicó a escribir dos horas diariamente. No tenía muy claro cuál sería el género literario, pero, según cuenta, la novela negra la eligió a ella, no al revés. "Fue así, quizá en otro momento haga otras cosas", añade.
Así surgió Aurora boreal, novela con la que quiso homenajear a su pueblo. "El norte siempre se ha considerado como algo inferior al sur. Desde Estocolmo, nos miran mal. Ahora en Kiruna están encantados conmigos". De hecho, ya va por la quinta novela con Rebecka Martinsson como protagonista. En enero saldrá en España, publicada por Seix Barral, la segunda, Sangre derramada.


Aparte de la trama policiaca, como buena descendiente de la novela negra sueca, Larsson también trata en sus libros temas particularmente espinosos, aunque ella insista en que "no quería mostrar ideas políticas cuando empecé la novela, lo que ocurre es que mis ideas sobre lo que pienso sí están en la novela".
El primero de estos asuntos peliagudos es la Iglesia. Como secta, no sale bien parada; sin embargo, ella reconoce que la Iglesia luterana en su país "está mucho más modernizada que en otros países". Como ejemplos, habla de la posibilidad de que los homosexuales tengan un matrimonio religioso o incluso que haya sacerdotisas y obispas.
Otro de los temas que toca el libro es el del aborto. Uno de los personajes ha abortado y la secta fanática se lo recrimina. Pero para el lector, la crítica quedá ahí, en el fundamentalismo. "Es que en Suecia no tenemos ninguna controversia con el aborto. No recuerdo hasta qué semana, pero es legal. Y, en cualquier caso, lo que tenemos muy claro es que es una decisión de la mujer", afirma.
Sin embargo, igual que otros escritores de su país desde el ya clásico Henning Mannkell a otros más jóvenes como Jens Lapidus, Asa Larsson también resalta que los países nórdicos no son ningún paraíso. "Es muy interesante cómo las novelas están destapando historias que estaban ahí y no se hablaba de ellas", señala Larsson. Y añade con un guiño sobre la idealización de los escandinavos: "No es sano hacerse ilusiones con respecto a cómo son las cosas".

Contradice así a las palabras del escritor mexicano Jorge Moch, que afirmó hace unos meses que los nórdicos se inventan la violencia porque no la han vivido de primera mano. "No estoy de acuerdo. Hasta no hace mucho, la vida ha sido bastante difícil. Sobre todo en el norte. Tenemos bastantes casos de violencia doméstica. Y tenemos un pasado como colaboradores de los nazis en la II Guerra Mundial del que nadie habla", apostilla.
¿Pueden ayudar a cambiar las cosas la nueva hornada de títulos policiacos en Suecia? La autora no lo tiene tan claro. Lo que sí ha captado es el interés que los suecos tienen en España: "¡No sé por qué será! Somos sociedades muy diferentes, pero supongo que tratamos temas que interesan a cualquier ser humano".


PAULA CORROTO