01 marzo 2010

ENTREVISTA Donna Leon: "¿España interesa a la Mafia?" Petra Reski: "Para ellos, España es la barriga blandita de Europa"


Dos escritoras comprometidas

ROSA MORA 28/02/2010 FOTO: JORDI ADRIÀ

Sus revelaciones sobre la expansión de la Mafia italiana por Europa costaron a la periodista alemana Petra Reski amenazas y querellas. La popular autora de novela negra Donna Leon se ha volcado en la defensa de su causa. Reunimos a las dos mujeres en Venecia con motivo de la publicación de su libro 'Mafia' en España.

La periodista alemana Petra Reski viajó por primera vez a Palermo en 1989 para hacer un reportaje sobre la Mafia. De regreso a su país, pasó dos días en Venecia, se enamoró de un veneciano, se casó y se quedó allí para siempre. Colaboradora del diario Die Zeit, entre otros medios, investiga desde entonces ese fenómeno de violencia, corrupción y, sobre todo, de dinero que nació en el sur de Italia y que se ha expandido, insiste, más allá de Italia. La matanza de seis calabreses en Duisburgo (Alemania) a cargo de la 'Ndrangheta en agosto de 2007 la empujó a escribir Mafia, para explicar a sus paisanos cómo la Mafia se ha instalado desde hace décadas en Alemania. "Si no hay muertos, no hay Mafia, y hasta lo de Duisburgo no había habido muertos. Causó un gran impacto en el momento", dice. "Pero no acaban de tomárselo en serio y yo no me canso de repetir que no es un fenómeno folclórico de pueblitos atrasados del sur de Italia".

En el transcurso de su trabajo había sido amenazada dos veces, una en Corleone (Sicilia) y otra en San Luca (Calabria). Algunos amigos alemanes le preguntaron si no era peligroso escribir sobre eso. "Todo el mundo sabe que los periodistas italianos que investigan la Mafia tienen que vivir con protección policial. Les dije que no había problema, que Mafia sería publicado en Alemania". La escritora explica que admira el trabajo de Roberto Saviano en Gomorra, sobre la Camorra napolitana. Lo que menos podía imaginar es que su libro sería censurado en Alemania y que también allí percibiría la sombra de ese poder tenebroso.

Los abogados de tres "personajes", como los define Petra, se querellaron contra ella y contra la editorial, Droemerschent. Los editores optaron por tachar los párrafos referentes a esos nombres y continuar con la distribución y promoción. La primera gira que hizo Reski por su país no fue agradable. En una librería de Erfurt, el moderador del acto le dijo que el libro estaba lleno de falsedades y que él era un buen amigo de uno de los demandantes. Algunos italianos presentes la acusaron de manchar el honor de los querellantes, le llamaron mentirosa e incluso le espetaron: "¡Aquí la mafiosa es usted!". Acabada la velada, alemanes e italianos presentes se ofrecieron a acompañarla al hotel. Por lo que pudiera pasar. Reski fue elegida en Alemania Mejor Periodista 2008 en la categoría de periodismo de reportajes el mismo año en que se publicó el libro. En 2009 obtuvo en Italia el Premio Civitas por su lucha contra la Mafia.

Cuando Droemerschen vendió los derechos del libro a España (Seix Barral) e Italia, les advirtió de las querellas presentadas y los editores decidieron mantener las tachaduras para evitar querellas.

Una de las personas que más defienden y apoyan a Petra Reski es la escritora estadounidense afincada en Venecia Donna Leon, la creadora del popular comisario Guido Brunetti. Donna se ha tomado casi como una cruzada personal el libro de Reski. Para hablar de él, de la Mafia y la política, de las mujeres de la Mafia, de la Mafia y la religión se reunieron ambas en Venecia y recordaron viejos tiempos.

"Nos conocemos desde hace 10 o 12 años", dice Petra. "Yo creo que más", añade su amiga. "Fue el año en que se quemó La Fenice, en 1996", concreta Donna, que de música clásica y ópera, sus grandes pasiones, lo sabe todo. "Donna, por favor, entre señoras estas cosas de los años no se dicen, ¿hay que decir exactamente el año?". "Yo tenía 28". "Ya, claro. Y yo 15". Ambas estallan en risas. Petra nació en 1958 en la región del Ruhr, y Donna, en 1942, en Nueva Jersey (Estados Unidos).

Leon vive en Venecia desde 1981. Ambas se conocieron cuando Petra le prestó un libro del que Donna tenía que hacer la crítica. Congeniaron. "Trabajamos la misma cosa desde puntos de vista diferentes", explica Leon.

Donna Leon y Petra Reski se citan en el Antico Martini, uno de los restaurantes más antiguos de Venecia, junto a La Fenice. "Tiene los cocineros más creativos y el mejor ambiente", según Petra, a quien la saludan como dotoressa.

Donna lleva camisa blanca, americana roja y sus Levi's 501 de siempre. "Así no tengo que elegir cuando compro ropa. En esas cosas me aburre decidirme. Cuando comemos o cenamos juntas, es Petra quien elige los platos. Yo como lo que me ponen. Me da una pereza infinita leer el menú". Petra, impresionante, de negro total. Falda tubo años cincuenta, una cazadora de finísima piel entallada hasta el milímetro. Botas de media caña y tacones de aguja altísimos. Y una camiseta negra de la Negra y Criminal, la popular librería barcelonesa especializada en género negro que regala camisetas a autores y lectores. Estuvo allí durante la semana negra y no dudó en ponérsela. "Debería regalarle una a Condoleezza Rice, por lo de negra y criminal".

Donna bromea con su amiga. "Si se le incendia la casa, Petra es capaz de hacer esperar a los bomberos para arreglarse el pelo". Lo de estar estupenda es una ventaja. "Cuando trabajo, muchos italianos me toman por una rubia medio tonta y eso facilita mucho las cosas". "De tonta, nada", apostilla Leon. "Muchas de las cosas que sé de la Mafia las he aprendido de Petra, de sus artículos y sus libros".

Hay confianza entre ambas. No paran de charlar mientras las retrata el fotógrafo. Rompen incluso el pacto de no hablar de la Mafia durante el almuerzo. El tema es feo y tanto Petra como Donna reconocen que pueden hacerse pesadas hablando del asunto, pero lo hacen entre risas. Les apasiona tanto como el futuro de Italia y de Europa.

Donna Leon. Petra, ¿tienes miedo? ¿Dónde te sientes mejor, en Italia o en Alemania?

Petra Reski. No quiero tener miedo. No quiero ser una víctima. Y, desde luego, me siento mejor en Italia. Aquí todos saben lo que es la Mafia. En Alemania ni se enteran ni entienden que pueda estar amenazada, es una humillación. Y encima que no te creen en tu propio país. Los italianos me han respaldado de una manera espectacular, fue como una ola de solidaridad. Hasta mi frutero me entiende. En cambio, en Alemania tuve la sensación de que pensaban que quizá me había equivocado, que quizá había escrito algo que no debía.

D. L. ¿Fue duro el juicio?

P. R. Imagínate lo que fue la vista oral con un personaje como Marco Spitanti, y le llamo personaje porque si le llamo mafioso me pone otra querella. Estaba con su mujer, que se pasó el juicio amenazándome y maldiciéndome, y luego el juez, que era pura condescendencia. Vamos a ver qué has escrito, la que has liado... como si yo fuera una periodista que hubiera escrito sin informarme.

D. L. Los nombres de esos tres personajes, como tú los llamas, han aparecido en diversos medios y si se lee bien tu libro también se les puede localizar. La información que aportas procede en su mayoría de fuentes oficiales, de entrevistas con arrepentidos... ¿Qué puede objetar la justicia alemana?

P. R. En mi país no es delito pertenecer a la Mafia. Nadie más ha objetado por mi información. Lo que cuento, por ejemplo, de la amistad entre Marcello dellUtri, mano derecha de Silvio Berlusconi, está explicado en 2.500 páginas de investigación de la Fiscalía de Palermo. Dell'Utri, senador por Forza Italia y parlamentario europeo, fue condenado en 2004, en primera instancia, a nueve años de prisión por apoyo a la Mafia.

D. L. Antes hablábamos de dónde te sientes mejor, pero en cuanto a seguridad, ¿qué hay?

P.R. La policía alemana sí entendió la amenaza y se lo tomó en serio. De hecho, cuando voy a un acto público siempre hay presencia policial, aunque eso no quiere decir seguridad personal, es más un gesto. En Italia, la policía está al corriente de mi situación. Vivo en Venecia, que logísticamente es un lugar seguro. Un juez me dijo que si viviera en Milán o en el Sur me habrían puesto escolta, pero afortunadamente vivo en Venecia, porque con escolta se te acaba la vida.

D. L. Cuentas en el libro que el origen del enfrentamiento de los Nirta Strangio y los Pelle Vottari, dos clanes de la 'Ndrangheta calabresa, se debe a que uno lanzó un huevo a otro en un carnaval.

P. R. En San Luca, corazón negro de Calabria, hay 4.000 habitantes y 39 clanes. Sí empezó por el lanzamiento de un huevo, una banalidad, pero una ofensa calabresa. Del gesto aparentemente inocuo se pasa a mayores. La matanza de Duisburgo se inició en 2006, cuando Maria Strangio fue asesinada por el clan rival, un atentado que en realidad debía acabar con la vida de su marido, el 'ndranghetista Gianluca Nirta. Eso sólo se puede lavar con sangre.

D. L. Explicas cómo se ha instalado la Mafia en Alemania, cómo blanquean dinero, cómo compran restaurantes y hoteles. Pero ¿y España? Hace poco leí que habían detenido a un capo de la Camorra en Barcelona. ¿También les interesa España?

P. R. Les interesa por otros motivos. Es la barriga blandita de Europa. España y Holanda son los dos países por donde más droga entra en Europa. Hay más razones. Las cárceles españolas son para los mafiosos como el Club Med: los capos despachan tranquilamente desde la prisión con sus móviles y continúan sus negocios. Además, el clima es similar y también el físico. Pueden pasar más inadvertidos.

D. L. En Alemania se percibe la Mafia como algo lejano, ¿y en España?

P. R. Policías italianos me dijeron que Alemania no está preparada para luchar contra la Mafia; en España están mejor dotados para la sospecha, pero aun así no calibran su poder de penetración.

D. L. A largo plazo, ¿qué puede significar para Europa esa expansión?

P. R. Que se la están comiendo. Lo que más me molesta es que se enseñorean en toda Europa.

D. L. Parece que estemos en la Edad Media, con sus señores feudales.


P. R. Algo así. Pactan entre ellos, con los albaneses, con los rusos. La Mafia italiana ya no vende la droga al detalle, han subcontratado el negocio a los marroquíes principalmente. La situación de Italia es como de guerra civil soterrada. La Mafia se ha apoderado de gran parte del sistema político. En Rusia, cuando se rompió el PC, las organizaciones mafiosas ocuparon todas las estructuras. Gas y petróleo son buenos alicientes. Hay democracias parlamentarias y hay democracias mafiosas. No me canso de repetir que no es sólo un problema italiano, es un asunto europeo.

D. L. ¿Quieres decir que la Unión Europea es propicia al desarrollo de estas organizaciones criminales?

P. R. Yo diría que lo que se dice propiciar no, pero hay mucha ignorancia. Además, la UE se encontró con un sistema ya contaminado.

D. L. Petra, a ti te pasa lo que a mí. Que cuando empiezo a hablar de ecología la gente bosteza. Es que antes de abrir la boca ya ponen cara de hastío.

P. R. Lo mismo. Amigas periodistas de toda la vida me dicen que veo a la Mafia hasta en el café con leche.

D. L. Vaya par de pesimistas estamos hechas.

p. r. Lo que pasa es que ante el poder de las multinacionales, de las grandes industrias, de Gobiernos culpables de omisión, el individuo se inhibe, siente que no puede hacer nada.

D. L. Sólo podemos hacer pequeñas cosas.

P. R. Yo he llegado a la conclusión de que sí podemos hacer algo. Cuando escribo en la prensa alemana temas como las relaciones entre Mafia y política, mis amigos me preguntan si me parece que eso es interesante para el lector alemán. Es diferente cuando escribes un artículo que queda estupendo porque está lleno de muertos. Como una novela negra en la que no hay muertos. Y no es verdad. Cuando escribí sobre Salvatore Cuffaro, el político democristiano y ex presidente regional de Sicilia condenado a cinco años en primera instancia por encubrimiento de la Mafia, era necesario hacerlo. Era el que controlaba todo el dinero europeo que entraba. Luego fue condenado a siete años en segunda instancia. ¿Eso no es interesante?

D. L. ¿Qué pasó con Cuffaro? ¿Cumplió la condena?

P.R. Nooo. Éste es el problema de Italia: si la condena no es de tercer grado, no pasa nada. Fue destituido de su cargo en Sicilia, pero se hizo senador. Ahora tiene inmunidad.

D. L. Parece una broma.

P.R. Es una broma.

D. L. La gente se muestra indiferente, parece que nadie reacciona.

P. R. Para la gente es humillante. Gran parte de Italia está sacando partido de esta situación. En Italia sólo te puedes hacer político si tienes algo que esconder. Un político propone una buena ley y sale alguien que le recuerda que en el año tal se compró una casa con dinero negro. Ya está pillado, ya ha entrado en el sistema.

D. L. Me cuesta entender que las plazas estén vacías, que la gente no se eche a la calle encabronada.

P. R. No están vacías. Hubo un movimiento muy fuerte contra Berlusconi, el vaffanculo, algo así como decir vete a la mierda, y hay una gran contestación en Facebook. Los jóvenes son muy activos, pero no tienen esperanza. En Italia, todo está ocupado por quienes manejan el cotarro. O entras en el juego o no hay silla para ti.

D. L. Petra, me ha interesado especialmente lo que explicas de las mujeres de la Mafia o de las anti-Mafia. Ya rodaste una película sobre ellas, pero tras leer este libro el tema me sigue impresionando. Desde Letizzia Battaglia, la fotógrafa siciliana reconocida en todo el mundo por sus fotografías de la Mafia, una mujer libre y luchadora, que lamenta que los 'malos' se hayan apoderado de nuestros valores, hasta Rosaria, joven viuda de Lito Schifani, el escolta del fiscal Falconi que también murió en el atentado y que se ha convertido en un símbolo anti-Mafia, o la mujer de Totó Riina, o la mujer y las hijas del mafioso Vittorio Mangano. Me da la impresión de que el papel de la mujer es muy importante.

P. R. A mí lo que me asombra es que la gente se sorprenda cuando digo que las mujeres de la Mafia no son meras comparsas. Durante mucho tiempo, el discurso establecido fue que eran pobres víctimas inocentes de sus maridos violentos e ignorantes. ¡Mentira! Una organización de semejante calibre no funcionaría sin ellas. Son las mujeres las que educan a sus hijos en los valores de la Mafia. Son ellas las que se ponen al frente cuando sus maridos están en prisión o huidos.

D. L. Escribes de dos mujeres estupendas en extremos opuestos. De la fiscal anti-Mafia de Palermo Anna de Palma, que ahora está en la Comisión anti-Mafia de Roma, y de la defensora de los mafiosos Rosalba di Gregorio. Se nota que te cae simpática.

P. R. Es evidente de qué lado está Rosalba. Trabaja al ciento por ciento en defensa de los mafiosos. Tenemos muy claro en qué lado está cada una. Creo que ella está en el lado equivocado y eso no impide que me sea simpática. Sé que no soy la única, a muchos magistrados también les cae bien.

D. L. Quizá la historia más dolorosa sea la de Rita Atria, una siciliana que vio cómo su padre y su hermano mafiosos eran asesinados por sus colegas. A los 16 años decidió que la mejor manera de vengarlos era colaborando con la justicia. Ya escribiste un libro sobre ella, pero me emociona.

P. R. Sucedió en el año horrible de 1992, en que asesinaron a Falcone y Borsellino. Primero empezó su cuñada, que no pertenecía a una familia mafiosa, a colaborar con la justicia. Y con ella se fue a Roma. Un magistrado me pasó el diario de Rita. La primera cosa que tenemos que hacer es combatir a la Mafia dentro de nosotros. Eso lo escribió una chica de 16 años. Impresionante, ¿verdad? Transfirió la admiración que sentía por su padre, que era un capo, al fiscal y juez instructor Paolo Borsellino. Cuando iba a cumplir 18 años fue asesinado Borsellino, y un mes después, ella se tiró desde la ventana del piso de una séptima planta en que vivía. Dejó escrito que quería ser enterrada con una camisa blanca y una pajarita negra. Ni su madre ni nadie de la familia fueron al funeral. Luego la mamma destrozó con un martillo la lápida en la que se había inscrito La verdad vive y la fotografía de su hija.

D. L. ¿Qué fue de la cuñada?

P. R. Se hizo policía. Es curioso, ya estando casada con un mafioso quería ser policía. Ahora lo es, con nombre falso, en algún lugar de Italia.

D. L. Tú lograste entrevistar a la madre porque te plantaste cada día ante la puerta de su casa. Fue terrible, ¿no?

P. R. Inolvidable. No mostró pena ni remordimiento.

D. L. La Iglesia, la santa Iglesia, a la que tanto apreciamos. Hablemos de eso.

P. R. Si el Partido Comunista hubiera sido capaz de ponerse de acuerdo con la Iglesia, aún existiría. Los mafiosos siguen casi todos los mandamientos. Si hay una justicia divina, ¿para qué preocuparse de la terrenal? Tipos como don Pino Strangio, párroco de San Luca, que ya estaba ahí cuando se empezó a invertir el dinero de los secuestros en el tráfico de cocaína y que enterró a tres de las víctimas de Duisburgo, te ponen los pelos de punta. Pero también está el padre Pugliese, de Palermo, que fue asesinado por la Mafia. Ahí se ve el papel de la Iglesia, que lo dejó solo, aislado. Un magistrado me dijo: La Iglesia es siempre más veloz que nosotros".

D. L. Las historias de la Mafia siempre son tristes. Petra, ¿piensas continuar?

P. R. Sí, ya lo estoy haciendo. Incluso bajo amenaza, he descubierto cosas muy interesantes en Erfurt y Duisburgo, esa zona de Alemania donde reina la 'Ndrangheta que me amenazó. Me puse una peluca negra... Parecía una prostituta rusa. Debo continuar porque no quiero rendirme. Además, quiero investigar para mi nuevo libro. Así podrán censurarlo también.