05 febrero 2013

Frantz Delplanque: "Nos gusta leer sobre la muerte y sobre el mal"





El autor francés publica 'Un gramo de odio'

ANNA ABELLA / Barcelona

"Nada es serio en esta novela", afirma Frantz Delplanque, responsable de Cultura de Montpellier, sobre su aclamado debut en Francia, 'Un gramo de odio' (Alfaguara), un enredo tragicómico, plagado de referencias musicales y literarias, ambientado en el País Vasco francés, donde se crió, y protagonizado por el vasco Jon Ayaramendi, un entrañable --sí--, asesino profesional jubilado con gorra de capitán Haddock y aura de "chicarrón del norte", que busca al desaparecido novio cojo de su guapa vecina entre despiadadas mafias locales.
-Jon tiene 68 años y se ve llevando un Twingo rosa... Baña la novela de ironía y humor negro. ¿Quiere huir del género negro tradicional?
-Me di el placer de traicionar el género policiaco porque no hay nada peor que explicar la violencia, la dureza del mundo, siendo serio. Así evitaba el dilema moral de intentar justificar lo injustificable. El humor negro es necesario, porque trata lo trágico con ligereza y nos permite mostrar el lado más oscuro de la vida. Así, Jon es a la vez feroz y tierno, capaz de cambiar los pañales a un bebé o de llevar un Twingo.
-Jon ha leído 'Blackburn', de Bradley Denton, novela negra con humor.
-Él me dio la idea de escribir sobre un asesino. No quería un policía ni un detective, pero debía tener experiencia. Trata de un asesino en serie que mata para hacer lo que cree que es el bien, pero una vez mata a un hombre que cree que maltrata a una mujer cuando en realidad hace el amor con ella. Nos gusta que la literatura hable de muerte, del mal, ¿qué nos atrae de él? Es una forma de reírnos de nuestras angustias. La violencia está ahí, te apropias de ella y la transformas en algo que provoca placer o risa.
-Jon no tiene remordimientos. ¿Cómo logra que caiga simpático?
-No da la misma importancia a la vida humana que el común de los mortales. En la segunda novela [que sale ahora en Francia] Jon dice: 'No soy el inventor de la muerte'. Al principio yo quería un asesino feroz, para que de tan insoportable fuera burlesco. Pero cuando salva a su vecina y cuida al niño que nacerá de esa violación y protege a otros personajes se hace simpático. Tiene valores profundos, ama la vida, la amistad, la naturaleza, y comer ostras y beber vino blanco... Podemos entrever su humanidad entre tanta inhumanidad.
-¿Reivindica al pueblo gitano?
-Sí, durante cinco años dirigí un festival de flamenco y me encanta su cultura. Caricaturizo a todos los personajes y juego con el estereotipo de un campamento gitano. Son ladronzuelos, pero también personas con mucha humanidad, muy abiertos. Pero son duros, porque se han enfrentado al rechazo de la sociedad.
-Tiene escenas dignas de Tarantino.
-Me ha influido más en los diálogos. En Pulp Fiction los asesinos pueden hablar de cocina o de pañales. Él ha cambiado los estereotipos y revolucionado el género. Pero me han influido otros muchos autores y películas, como Juan Marsé y Quim Monzó, de quien me golpeó el virtuosismo de La magnitud de la tragèdia, o la genialidad de Woody Allen.
-Y la vida del samurái Musashi..., lectura de cabecera de Jon.
-Es una novela sublime, muy violenta, pero con mucho humor y sentimientos puros. Con Kill Bill, Tarantino está muy cerca de ese universo. Musashi es bueno pero es capaz de matar a un niño para salvarse.

Foto: JOAN PUIG


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