08 junio 2009

«Todos somos memoria» Alejandro M. Gallo



«Como dijo Manuel Vázquez Montalbán, los géneros existen para romperlos». Alejandro M. Gallo (Astorga, 1962) está en capilla y echa mano de uno de sus referentes más queridos para hablar de lo que hasta ahora ha sido su trayectoria literaria y también de 'Operación Exterminio' (Ediciones B), la novela con la que regresa el próximo miércoles a las librerías y en la que vuelve a fundir el género policiaco con el histórico para engendrar una fusión que en algunos círculos ya se califica como 'epopeya negra'. Lo hace esta vez mediante el relato de un hecho casi desconocido y apenas tratado por los historiadores: la emboscada que, el 27 de enero de 1948, supuso el principio del fin de la guerrilla antifranquista y motivó la primera condena internacional al régimen surgido de la victoria del bando nacional en la guerra civil española.

El tema no es del todo nuevo en la novelística de Gallo, que, contra lo que marca el estereotipo que dibuja los perfiles del perfecto autor de novela negra, bebe agua mineral, fuma lo justo y habla con voz clara y pausada, muy pendiente de encontrar las palabras propicias para cada respuesta. El escritor ya dedicó uno de sus libros al fenómeno del maquis ('Caballeros de la muerte', 2006) y tiene en el conflicto del 36 y sus consecuencias uno de sus grandes filones narrativos, que ahora vuelve a explotar con la que es una de las más acendradas señas de identidad de su novelística: el respeto escrupuloso a los datos históricos sin descuidar un nombre, un matiz o una fecha.

-Cuando publicó 'La última fosa', dijo que cerraba una trilogía. Sin embargo, 'Operación Exterminio' vuelve a incidir en un periodo histórico que, de alguna manera, también estaba presente en 'Una mina llamada Infierno'. ¿Qué pasa?

-En realidad aquella novela cerraba una trilogía en la que se hablaba de la represión en las tres grandes cuencas mineras del norte de España. Con 'La última fosa' di por concluido ese ciclo y ahora voy por otro camino, lo que no quiere decir que en lo esencial hayan variado las obsesiones ni los intereses, entre ellos el de hacer ese cruce entre lo negro y lo histórico para contar una serie de historias que tienen una negritud muy acusada y que creo que hay que dar a conocer.

'Operación Exterminio' da la prueba de ello. Una historia de estrategias, desengaños y traiciones estructurada en dos planos narrativos. En el primero, la voz de una chica de quince años que va contando los hechos a medida que éstos ocurren. La elección, como es lógico, no tiene nada de casual: «Quería reivindicar el papel de la mujer en esa lucha: ellas fueron las que más sufrieron y también las que peor consideración tenían». En el segundo, un narrador omnisciente llega donde la adolescente no puede llegar y desgrana «todas las circunstancias que tuvieron que darse para que al final pasara lo que pasó».

Cabe preguntarse si este empeño de Gallo por arrojar luz sobre las oscuridades de la Historia responde a un interés por ajustar cuentas con el pasado o si se trata más bien de una voluntad de explicar quiénes somos partiendo de aquello que fuimos. «El hoy -parafrasea- camina hacia el mañana ayudado por el ayer». Después, bebe un sorbo de agua y prosigue: «Todos somos memoria. En realidad no somos más que el producto de nuestro pasado, y en consecuencia tenemos que conocerlo bien para poder conocernos a nosotros mismos». Una convicción que lleva a plantear otras cuestiones, como la de la propia naturaleza de su obra. Ante una narración tan pormenorizada incluso en sus detalles más nimios, tan escrupulosamente documentada, el lugar que ocupa la ficción (y, por tanto, la condición que permite que se inscriba en un género concreto) queda, cuando menos, en entredicho.

«'Operación Exterminio' es una novela. Lógicamente yo no estaba allí, pero trato de adivinar qué es lo que pensaban los personajes, qué tipo de emociones y de reacciones provocaban los hechos que pertenecen de una manera más evidente al retrato histórico. Esa licencia es la que hace que los novelistas, en ese aspecto, podamos ir un paso más allá que los historiadores».

La novela supone, además de la confirmación de Gallo como uno de los nombres propios más representativos del auge que la novela negra está viviendo en nuestro país («En tiempos de incertidumbre -señala- y desde Edgar Allan Poe hasta la actualidad, los lectores siempre han buscado respuestas en la novela negra porque es el mejor vehículo para mostrar las contradicciones sociales»), su debut con una editorial de las denominadas 'grandes', que en unos meses distribuirá el libro también por Sudamérica.

Se trata, en fin, del inicio de «una nueva etapa» que le produce tanto entusiasmo como curiosidad («a ver cómo respondo yo, y a ver cómo responden los lectores») y que le permitirá llegar a un público más amplio que el que hasta ahora ha tenido oportunidad de acercarse a su prosa. Un público que, de cualquier manera, no ha sido escaso y ha respondido con entusiasmo ante cada nuevo título del autor astorgano. ¿En qué medida la existencia de un futuro lector condiciona o deja de condicionar el proceso de escritura? «Al principio el lector ocupaba un lugar inconcreto, muy vago, pero sí tengo que reconocer que en estas últimas novelas he tenido en cuenta cosas que algunos han venido a decirme en presentaciones o coloquios».

MIGUEL BARRERO
GIJÓN