19 junio 2015

Todas las mujeres son peligrosas de Julián Ibañez por José Ramón Gómez Cabezas




Una de las virtudes del talento es hacer fácil lo difícil. Ni más ni menos. En los deportes, las artes escénicas, en la literatura. En España tenemos algunos ejemplos, en la narrativa negro criminal pocos, muy pocos, pero si alguno destaca por encima de los demás es Julián Ibáñez, autor de trayectoria inagotable y reconocimiento insuficiente.

A Julián Ibáñez es un placer escucharle, es directo y pocas veces se anda con rodeos. Su literatura es igualmente demoledora, algo similar a encontrarse en un ring frente al Myke Tyson (o pongan el nombre que quieran).

En Todas las mujeres son peligrosas, Ibáñez repite, editorial y personaje, punto este último que todo buen amante de la novela negra agradecerá porque Bellón es Bellón. Un tipo gris camaleónico que sobrevivió en El viejo muere la niña vive  y que intentará hacer lo mismo en esta nueva entrega dónde, una vez más, el mal fario se pasea ante nuestro superviviente. En el club de carretera dónde hace las veces de vigilante, golpean a una de las chicas y este hecho acaba poniendo a nuestro protagonista de patitas en la calle, su lugar natural. Lejos de dejarlo correr, Bellón pone en juego su orgullo y el no volver a encontrarse con Saritos, la gestora del local. Elementos que se convierten en vitales cuando uno tiene tan poco.

 Y es que la vida de Bellón se limita al día a día, no puede ser de otra manera, hecho que maneja el maestro Ibáñez a la perfección en cada una de sus novelas, en cada uno de sus personajes y que une a esa tensión atmosférica, detallada y angustiosa, para generar un clímax de tensión tan atractivo como hipnótico.

Sin duda alguna, Julián Ibañez, uno de los mejores autores de novela negra a nivel mundial y este Bellón, uno de sus mejores personajes.  Mi congratulación para la editorial junto a un mensaje de advertencia, no dejen escapar a este tipo. 


Todas las mujeres son peligrosas 
Julián Ibañez 
Cuadernos del laberinto 2015