06 agosto 2015

El diablo en cada esquina de Jordi Ledesma por José Ramón Gómez Cabezas


Leer a Jordi Ledesma es meterse de lleno en una carrera de intensidad. Si Narcolepsia era como un maratón con su ritmo constante, duro y asumible a la vez, El diablo en cada esquina, es una carrera de media distancia dónde tienes que subir cadencia y pulsaciones para dignificar tú esfuerzo. Jordi es esa liebre de competición que te va marcando un tempo en los primeros párrafos situacionales, te lanza con cuatro descripciones y te lleva en volandas hacia el final de cada capítulo con tramas atractivas y enlazadas.
No he visto a nadie perfilar con tanto detalle la decadencia, el delito, las circunstancias de cada uno de los personajes corales que pueblan su bestiario y que son protagonistas por igual de una trama aparentemente sencilla, pero con complejas, infinitas diría yo, ramificaciones.
En esta segunda novela gana en definición y equilibrio, es capaz en apenas doscientas hojas de cazar la misma fuerza que en la anterior con muchas más, sin perder ni un ápice de eficacia.
 ¿Dónde reside el encanto de El diablo en cada esquina? Bueno, pues por si os parece poco lo dicho, añadiré la habilidad narrativa de Ledesma para sobrevolar el fango, tan cerca que casi te puede salpicar, desde la perspectiva de la normalidad. Me explico. Ya lo hizo y lo repite con pasmosa facilidad. Sus protagonistas son bastante ordinarios, plenos de matices cotidianos que te pueden hace pensar en familiaridades con alguno de los tuyos, que se trabajan con desdén e inconsciencia un presente pleno de vanidad, pero lóbrego al fin y al cabo, que más temprano que tarde les implica unas tristes consecuencias que todos asumimos menos ellos . En ese descenso a los círculos dantescos, Jordi Ledesma en un auténtico maestro que hace de El diablo en cada esquina un envidiable tutorial del buen hacer narrativo.
Jordi Ledesma, un autor con proyección, luego no digan que no les avisamos.




El diablo en cada esquina
Jordi Ledesma Álvarez

Editorial Alrevés, 2015.